jueves, 16 de marzo de 2017

LA VEJEZ: ¿UN LABERINTO DESCONOCIDO? O ¿LA CÚSPIDE DE LA VIDA?





Si bien es cierto que es importante tener la previsión financiera para poder vivir una jubilación tranquila en el sentido netamente económico, también es cierto que hay otros factores que ayudaran a que el paso a esa etapa de júbilo sea menos traumático, y en esencia son factores relacionados con mantener un propósito de vida que oriente y de sentido a nuestro diario hacer.


El lograr un propósito de vida puede ser considerado una tarea de por vida, y de hecho será así, cuando el propósito de vida este orientado a resaltar los valores personales sobre el enfoque en los verbos hacer y tener.


El enfocar el propósito de vida en esos términos hará que dicho propósito tenga un momento de caducidad, es decir cuando se haga, o cuando se tenga, habremos cumplido nuestra misión, muchas veces oímos decir que el propósito de un padre es ver a sus hijos graduados, o que se casen o ver a sus nietos, pero cuando esto sucede, que sigue? O también habremos escuchado , “el día que tenga un millón de dólares, o el día que tenga una casa con piscina” todos esos propósitos tienen un momento de caducidad, así pasa cuando llegamos a la tercera edad y generalmente los propósitos de hacer y tener están cumplidos, y entramos en un sentido de libertad ilusorio, pues ya no tenemos nada que hacer, y pensamos que podemos hacer lo que nos venga en gana….y resulta que no sabemos qué hacer con nuestro tiempo, estamos en el mismo bosque que hace unos años, pero esta vez sin mapa ni brújula, al poco tiempo estamos perdidos y queremos refugiarnos en el pasado, en las viejas rutas, y estas solo nos llevan a caminos abandonados donde nos sentimos aún más perdidos, tan perdidos como en un laberinto, tan perdidos que comenzamos a desconocer lugares y personas de nuestro presente.



Esto que pareciera un cuento de ciencia ficción es parte de nuestra realidad, y si bien es cierto que las enfermedades mentales en la tercera edad tienen su origen patológico, estas patologías están fuertemente relacionadas con el tener un propósito de vida.
Vemos a través de investigaciones recientes que “tener un fuerte sentido de la finalidad o propósito en la vida” reduce el daño cerebral en los adultos mayores. Sugiere una investigación reciente, que tener un fuerte sentido de la finalidad en la vida podría reducir las probabilidades de lesión en el tejido cerebral de los adultos mayores. Autopsias llevadas a cabo en personas de 80-89 años revelaron que quienes sentían que su vida tenía un significado sufrían menos ‘micro infartos’ cerebrales
Establecerse un propósito de vida no es una tarea para el futuro, aun si se cuenta con menos de 40 años, o menos de 30, pues quizá en esas edades creemos tener un propósito o varios propósitos porque nuestro tiempo está totalmente ocupado, pues nuevamente estaremos confundiendo responsabilidades, o metas materiales con un propósito de vida que nos destaque y a la vez nos integre como parte de un colectivo, un propósito con un ancla principal en el verbo ser.
Si nuestro propósito de vida consiste en ser una persona que contagie las ganas de vivir, o que en base a sus experiencias oriente y sirva humildemente de ejemplo a seguir, nuestro propósito de vida no tendría momento de caducidad y nos acompañaría hasta el último día de nuestras vidas.

“Una vida sin propósito es una muerte prematura”

Johann Wolfang Von Goethe


Homero Lopez.





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